Ca n’Oleo ejerció de punto de encuentro para una parte cada vez más afinada del tejido emprendedor balear. Y es que la V edición de Connect’Up BABI, reunió durante la tarde del pasado lunes a fundadores, inversores y profesionales del sector en una cita organizada por Grup Serra y patrocinada por CaixaBank, con el objetivo de sentar en la misma conversación a quienes impulsan proyectos y a quienes pueden hacerlos crecer.
La jornada arrancó a las 16.00 con la bienvenida de Tona Pou y Marvin Singhateh, coordinadores de Connect’Up BABI, quienes introdujeron la dinámica del encuentro y dieron paso al tramo más expuesto de la tarde, el de los pitch de los proyectos participantes. Allí empezó a dibujarse una fotografía precisa del emprendimiento que hoy busca abrirse paso desde Balears con proyectos de base tecnológica, lectura de nichos concretos y una voluntad compartida de resolver fricciones reales.
El primero en subir a escena fue Ernesto Sigg, cofundador junto a Sergi Lerma de Dumoh Delivery, una startup que ha decidido mirar justo donde las grandes plataformas no miran. Su apuesta replantea el reparto de proximidad con un modelo propio que conecta logística local, identidad de municipio y comercio de barrio. La compañía ha encontrado una oportunidad de crecimiento en poblaciones de entre diez mil y treinta mil habitantes, territorios que para los grandes operadores no resultan suficientemente rentables.
Tomó después la palabra David Mir para presentar Join to Care, una plataforma digital que conecta a personas mayores y dependientes con cuidadores. El proyecto pone el foco en uno de los sectores más sensibles y, al mismo tiempo, más desordenados del mercado de servicios. Su propuesta se apoya en la agilidad, la transparencia y la personalización en un ámbito que durante años ha funcionado con inercias lentas, intermediación difusa y escasa capacidad de adaptación a las necesidades concretas de familias y usuarios.
La siguiente fue Mireia Martorell, fundadora de MIMA STUDIO, un estudio creativo que une branding, interiorismo y diseño gráfico en un único proceso integrado. Cerró el turno de presentaciones Salvador Crespo con Total Training Suit, un traje de entrenamiento de segunda piel que añade resistencia progresiva a cada movimiento. La propuesta se dirige al universo del rendimiento deportivo con un producto que permite replicar gestos reales de competición incorporando una carga adicional orientada a acelerar la mejora. La tarde concluyó con un aperitivo de networking que brindó a emprendedores e inversores un espacio de conversación más distendido y cercano, abierto a nuevas conexiones y posibles colaboraciones.
Una apuesta por el cara a cara que pone a prueba a los emprendedores
La sesión reservó uno de sus momentos más intensos para el Speed Dating, un formato que gana peso dentro del programa por su capacidad para condensar en pocos minutos lo que a menudo tarda semanas en aflorar. Allí, los proyectos que acababan de defender su propuesta se sentaron frente a los empresarios e inversores que después participarían en la mesa redonda, en una secuencia de encuentros breves que exigió precisión, cintura y una idea muy clara de lo que cada compañía quiere ser.
No hubo espacio para rodeos. Cada conversación obligó a los emprendedores a ordenar su discurso, jerarquizar fortalezas y defender con solvencia aquello que distingue su modelo de negocio. En ese intercambio acelerado, la síntesis dejó de ser un recurso retórico para convertirse en una herramienta de validación inmediata.
Mientras esas reuniones se sucedían, la jornada avanzó de forma paralela con unas dinámicas cocreativas concebidas para profundizar en el vínculo entre emprendedor e inversor, una relación decisiva para cualquier proyecto y, a menudo, también atravesada por dudas, ritmos distintos y expectativas no siempre alineadas.
El propósito de estas sesiones fue precisamente acercarse a ese territorio compartido, escuchar cómo se construye la confianza entre ambas partes y abrir una conversación real sobre los criterios, las tensiones y las incertidumbres que acompañan a una posible inversión.
Los asistentes abordaron esas cuestiones desde sus propios puntos de vista y a partir de su experiencia profesional, poniendo sobre la mesa cómo toma decisiones un inversor cuando analiza un proyecto vinculado a la innovación, qué elementos pesan realmente en ese proceso y por qué algunas iniciativas que sobre el papel parecen prometedoras no consiguen cerrar una operación. También surgió una idea especialmente reveladora, la de que no todo emprendimiento equivale a innovación, y que aterrizar un proyecto en la realidad, en su ejecución concreta y en su viabilidad diaria, sigue siendo una de las pruebas más exigentes para cualquier fundador.
La conversación dejó espacio además para uno de los asuntos menos visibles y más determinantes del ecosistema. Los conflictos silenciosos que pueden emerger entre quien impulsa una empresa y quien aporta el capital. Se habló de intuición, de cómo se gestiona la incertidumbre cuando todavía no existen números sólidos, de la discreción con la que se toman muchas decisiones y de las fricciones que nacen cuando conviven maneras distintas de entender el riesgo, el tiempo y el crecimiento.
Ese cruce entre reuniones breves y reflexión dio a la sesión un valor especialmente práctico. Ayudó a entender mejor qué busca cada parte, qué preguntas se hacen una y otra vez y qué condiciones deben darse para que una idea atractiva empiece a convertirse en una oportunidad real.
El capital busca en una startup algo más que una buena idea de negocio y un relato atractivo
ras las exposiciones llegó la mesa redonda, bajo el título ‘Claves para la inversión en startups en Baleares’. Moderada por Tona Pou, la conversación reunió a Carlos López, fundador y CEO de Value Group e Invisión Corporate Finance; Joan Serra, CEO de Designis Investment; Patrick Visser, fundador y CEO de Max Ventures; y Xavier March, fundador y CEO de Refineria. La conversación dejó sobre la mesa la evidencia compartida en el sector, donde el capital ya no se impresiona solo con una buena idea. Busca equipos solventes, lectura realista del mercado, modelo escalable y una narrativa empresarial respaldada por métricas, aprendizaje y foco.
Durante el debate, Serra explicó que «nosotros nos enamoramos de las personas, invertimos en ellas. Los proyectos cambian, pivotan, por lo que el emprendedor te debe enamorar». En esa misma línea, March señaló que «debe haber feeling, hay que pasarlo bien». Además, añadió que «no me meto en jardines que desconozco o en los que no estoy habituado porque considero que no puedo aportar. Intento vincularme en proyectos en los que pueda aportar al ecosistema del proyecto. Desde luego, nunca he hecho una inversión fría ni desentendida».
Otro de los asuntos que afloró durante el debate fue la fricción que puede surgir entre quien impulsa un negocio y quien decide financiarlo. En ese punto, la conversación giró en torno a dos factores que suelen resultar determinantes en cualquier análisis de inversión, la solidez de los equipos y la capacidad del emprendedor para comunicar su proyecto con carisma, además del siempre discutido criterio de la escalabilidad. Visser defendió el apoyo de la tecnología en ese proceso de evaluación y explicó que emplean inteligencia artificial para analizar startups. A su juicio, la capacidad de comunicación del fundador resulta decisiva y advirtió de que un «buen comunicador, con rasgos carismáticos, es imprescindible para generar confianza y sostener el proyecto ante un posible inversor». Sobre la escalabilidad, López matizó que, «en un ecosistema como el nuestro donde no podemos compararnos, muchas veces la escalabilidad no se ve, por lo que no dejaría de invertir en un proyecto porque no deja de ser invertible. El concepto es muy fácil de decir y hay que entenderlo muy bien».